viernes, 23 de marzo de 2012

Comienzan los alegatos de la querella de Abuelas



Abuelas de Plaza de Mayo comunica que el lunes 26 y el martes 27de marzo, desde las 9.30, la querella de la Asociación hará su alegato en el juicio oral y público por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores, que se desarrolla ante el Tribunal Oral Federal Nº 6, en la sala Amia de Comodoro Py.
La causa abarca 35 casos de apropiación de niños y niñas durante la última dictadura por los que están acusados Jorge Rafael Videla, Reynaldo Bignone, Jorge “el Tigre” Acosta, Rubén Oscar Franco, Antonio Vañek, Santiago Omar Riveros, Jorge Magnacco, Víctor Gallo, Juan Antonio Azic y Susana Colombo.
            En esta instancia del proceso los medios están autorizados a filmar y tomar fotografías. Esperamos que nos ayuden a difundir esta información y nos acompañen en la etapa final de este juicio histórico que tiene en el banquillo a los represores que fueron responsables de la desaparición de nuestras hijas y el robo de nuestros nietos y nietas.

jueves, 15 de marzo de 2012

Se pospusieron los alegatos de Abuelas en Plan Sistemático

Abuelas de Plaza de Mayo comunica que los alegatos de nuestra querella en el juicio por Plan Sistemático de Apropiación de Menores, que ya ha ingresado en su etapa final, se han pospuesto para el lunes 26, martes 27 y miércoles 28 de marzo.

Agradecemos la difusión de la presente información.

Francisco Madariaga responde a Gallo

 “Nadie se embarca en tamaña tarea (la de criar un hijo ajeno), si no es desde el corazón”, dijo el apropiador de Francisco Madariaga Quintela, el lunes 12 de marzo, al realizar su declaración indagatoria en el tramo final del juicio por Plan Sistemático de apropiación de menores. Francisco no quiso más que responderle al enterarse de los dichos del reo: “nadie se embarca en tamaña tarea -diría yo- si no es desde el odio y la venganza”.
Luego agregó: “Me molesta el cinismo de los dos (su apropiadora, Susana Colombo también lo dijo cuando declaró). Dicen que  se alegraron cuando se enteraron que tenía familia. Si realmente yo les importara se hubiesen ocupado de decirme la verdad, entonces podría haberme encontrado con mi familia mucho antes”, remarcó. La estrategia de Gallo fue evitar hablar del delito que se lo imputa, la apropiación de un hijo de una desaparecida en Campo de Mayo, y dedicó gran parte de su declaración a defenderse de los dichos de su ex mujer, quien habló de sus malos tratos y abandono hacia la familia. “Gallo habla de que el trabajo militar implicaba abandono de la familia, pero en su caso, el abandono del hogar se debía a que a partir de 1987 estuvo prácticamente todo el tiempo detenido por su participación en el levantamiento Carapintada y otro delitos comunes de los que se lo halló culpable. Toda su vida fue un delincuente, robó una financiera, me robó a mí”, explicó Francisco. También quiso aclarar: “Gallo era violento, es mentira que no ejercía violencia de género”.
            Por último hizo mención al desconocimiento que Gallo pretendió sobre el origen de Francisco: “Es increíble que hable de que tenían la certeza de que yo era huérfano y que no me buscaba nadie, cuando él mismo dijo en este juicio que me sacó de Campo de Mayo, que lo entregó un militar entre gallos y medianoche”.

“No se habló del tema de los menores”

Fuente: Alejandea Dandan / Página/12.
En el tramo final del juicio por el robo de bebés declaró el dictador Reynaldo Bignone, el partero de la ESMA Jorge Magnaco y el apropiador de Francisco Madariaga, Víctor Gallo. Los tres habían pedido hablar para defenderse antes de la instancia final. Gallo se presentó como víctima y llegó a blandir teorías sobre la “violencia de género”. Magnaco reconoció su rol como partero del centro clandestino e intentó defenderse diciendo que lo que hizo con las embarazadas fue “calmar sus miedos, sus angustias por tener que parir” en esas condiciones. De los tres, Bignone fue el que se tomó el tiempo para un discurso más político: habló de 1982 y de los dirigentes de los partidos políticos y en un tramo buscó el modo de responder específicamente al testimonio de un ex funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos que durante el juicio oral explicó que su país “sabía” del robo de bebés.
De traje verde y corbata al tono, Bignone se sentó mirando exclusivamente el espacio de los jueces del Tribunal Oral Federal 6. Ratificó todo lo dicho hasta ahora, negó su intervención en la ley de autoanmistía o en la orden de destrucción de documentos, por lo que se lo acusa. Y hacia el final, le respondió a Elliot Abrams, subsecretario de Derechos Humanos del Departamento de Estado entre 1982 y 1985, que declaró en la causa.
“Veinticuatro horas después (de las elecciones de 1983) –dijo– recibo como respuesta una carta del presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, dirigida para mi persona y mi gobierno y para el pueblo argentino por el hecho de regresar a la democracia de esa forma tan explícita y tan limpia. Por eso dudo mucho –aclaró– que la Casa Blanca hubiera hecho semejante cosa si fuera mínimamente cierto lo que en esta misma sala dijo alguien que fuera funcionario de esa época. Que los Estados Unidos tuvieran conocimiento de un plan sistemático de robo de bebés yo creo que (no puede) ser esto, así tal cual.”
Leída de otra forma, la frase de Bignone podría tomarse como una revelación: el gobierno de los Estados Unidos le envió en ese momento una carta de agradecimiento, aun sabiendo de los crímenes de la dictadura y del robo de niños.
Bignone, Magnaco y Gallo pidieron declarar porque el juicio se acerca al final, pero además porque desde la última disposición de Casación cambiaron algunas reglas del juego. Los acusados ya no dispondrán de tiempos eternos para decir lo que quieran decir en el tramo de las “últimas palabras”, como hicieron en la ESMA. Y empezaron a hacerlo ahora.
De los tres, Magnaco tuvo tal vez la intervención más inesperada. Con el aspecto de quien acaba de sacar la ropa de la tintorería, la barba impecable, atildado, el médico apeló a la ética profesional para defenderse de lo que hizo en la ESMA, aceptar que intervino en los partos, pero aclarar que no sabía cuál era el destino de los niños.
“Considero que a estas mujeres les he brindado mucho más que a otras pacientes”, dijo en un momento. “¿Por qué? –se preguntó–. Porque comprendí la difícil situación en la que estaban.”
Según el relato que reconstruyó, en octubre de 1976 tenía grado de teniente y estaba a cargo de ginecología del Hospital Naval de Buenos Aires: “En ese contexto –dijo–, mi jefe me dice que ambos debíamos concurrir circunstancialmente para atender pacientes embarazadas a la ESMA, cuando ello fuera ordenado por la superioridad. Cuando esto ocurrió así lo hice y recibí instrucción de cómo debía ser (...). Me aboqué a prestar la asistencia médica pertinente y la atención al recién nacido con lo mejor de mi conocimiento ¿En qué consistía? En higienizarlo, verificar orificios naturales, controlar el estado físico, el aparato cardiovascular, el sistema nervioso y una vez determinado que estaba en buenas condiciones, lo depositaba en el regazo de su madre para que lo amamantara y una vez finalizado, como había dado término a la atención médica, me retiraba de inmediato”.
Magnaco admitió que no inscribía los nacimientos porque “no existía un libro de nacimientos en los que dejar constancia de mi actuación y tampoco se extendían certificados”. Y en un tramo en el que pareció copiar los argumentos de los médicos civiles convocados a declarar por los nacimientos en el sector de Epidemiología de Campo de Mayo, dijo que “no me fue posible oponerme porque de haberlo hecho era poner en riesgo la salud de las pacientes y su feto”. Y que “no cometí jamás un abandono de paciente, lo que me fue ordenado lo cumplí y creo que asistí mejor a ellas que a otras pacientes que haya asistido en el medio privado”.
Para la querella de Abuelas de Plaza de Mayo y la fiscalía de Martín Niklison, la declaración no sólo no lo ayudó sino que potenció los argumentos en su contra. Magnaco no era médico civil sino militar, lo que le da otro peso en la estructura y cadena de mandos. Tampoco creyeron en el argumento de que no podía abandonar a las parturientas como elemento de peso, porque los otros médicos que dijeron lo mismo denunciaron lo que estaba pasando apenas pudieron, muchos en espacios como la Conadep durante la recuperación de la democracia. El otro dato importante del que el médico no habló indica que no estaba a disgusto en ese lugar: el dato está incluido en las fojas de concepto que poseen los fiscales: allí figura que entre 1976 y 1983, cuando se le preguntó, en caso de cambiar de destino –el suyo era el Hospital Naval de Buenos Aires–, cuál sería de su preferencia, Magnaco puso la ESMA. Un lugar ideal para un ginecólogo y obstetra.
En cuanto a Bignone, negó la relación con el documento final de la Junta Militar; la destrucción de documentos y la ley de autoanmistía, los tres aspectos por los que está acusado en esta causa. Esto es así pese a que hizo toda su carrera de ascenso durante la dictadura. O que en 1977, cuando se produjeron buena parte de los nacimientos de niños robados en Campo de Mayo, él era jefe de Institutos Militares en esa guarnición.
Por otra parte, así como el dictador Rafael Videla ante la revista CambioI16 habló de la cercanía con la Iglesia y con las empresas, Bignone pareció querer mostrar ciertas articulaciones con otros actores políticos. Habló de la carta de Reagan y le dejó una copia al Tribunal. Pero antes, habló bastante de un encuentro que organizó antes de asumir la presidencia de facto con “todos” los referentes de los partidos políticos. Se ocupó de decir que estaban todos, “de derecha a izquierda”. Y como al paso, o como un mensaje destinado a esta época, recordó que todos ponderaron la acción sobre Malvinas e insistió en que también lo había hecho una de las líneas de la izquierda.
En ese momento, Bignone dio un dato importante: mientras hablaba de aquella reunión, de cómo lo aplaudieron, dijo que no se habló del “robo de niños”, no porque no existiera, sino porque “no era el tema de esa ocasión”: “Y debo decir que la reunión terminó con un aplauso de la dirigencia política –explicó–. Ninguno de los presentes se refirió en ningún momento, yo tampoco, al tema memores porque no era el tema de ese momento”.
Otro de los datos que dio en otro momento es sobre un anexo, con instrucciones de Suárez Mason para ver qué hacer en casos de niños que quedaran huérfanos después de los operativos. El anexo se conoce y es materia del juicio. Pero Bignone, buscando defenderse, dijo que había presentado un listado en la causa en 1999 con copia de ese anexo. El problema es que en vez de decir niños huérfanos dijo: “Un anexo sobre cómo proceder en caso de menores nacidos en cautiverio y cuando no se pueda dar con los familiares”. Nadie sabe si se equivocó.

lunes, 12 de marzo de 2012

El lunes declararán en el juicio por robo de bebés, el dictador Bignone, el médico represor Magnacco y el apropiador Gallo
El próximo lunes, en la etapa final del juicio oral y público por Plan Sistemático de Apropiación de Menores, el último presidente de facto, Reynado Bignone; el ex carapintada y apropiador de Francisco Madariaga, Víctor Gallo; y quien se desempeñó como médico de la ESMA, Jorge Luis Magnacco, prestarán declaración indagatoria, en la sala Amia de los Tribunales de Comodoro Py.
Los tres imputados harán uso del derecho que les otorga el Código Penal antes de escuchar los alegatos de las querellas, la fiscalía y de su propia defensa en este histórico juicio que con más de doscientos testigos logró exponer lo que ocurrió con los hijos e hijas de los detenidos desaparecidos durante la última dictadura.
Se prevé que los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo den sus argumentos los días 19, 20 y 21 de marzo, en la misma sala que se viene realizando este juicio desde hace más de un año.
Se estima que Tribunal Oral Federal N° 6, que lleva la causa, integrado por María del Carmen Roqueta, Julio Panelo, Domingo Luis Altieri, dictará sentencia en el mes de mayo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Martín Niklison, fiscal del juicio: “Hubo coordinación entre las fuerzas”


La causa por el Plan Sistemático toma 34 apropiaciones, un universo que el fiscal considera representativo de la “organización” que se dedicó a robar chicos. La complejidad de la infraestructura y los traslados de embarazadas.

(Fuente: Alejandra Dandan – Página/12)

El juicio por el plan sistemático de robo de bebés contempla 34 casos de niños apropiados, la desaparición de todas las madres menos una y de todos los padres menos dos. Siete de esos niños fueron secuestrados cuando tenían entre trece días y cuatro años de edad, y los otros 27 nacieron en cautiverio. Todos fueron apropiados, la mayor parte por jefes, subordinados o allegados a hombres de las fuerzas armadas que, en general, optaron por los recién nacidos. A algunos de los más grandes los abandonaron en plazas o instituciones.

El fiscal federal Martín Niklison está a cargo del juicio y piensa que el juicio es representativo de lo que ocurrió en todo el país, entre otras razones porque la mayor parte de los robos de niños se concentraron en la ciudad y la provincia de Buenos Aires por lógicas que incluyen cuestiones culturales. También cree que las maternidades “son los casos más claros del Plan, porque estaban muy organizadas”. Entre otras cosas, los traslados de embarazadas muestran una “coordinación interfuerzas y al interior de cada arma”. Las más importantes estuvieron en la ESMA, el Pozo de Banfield y el Hospital Militar de Campo de Mayo, donde nacieron niños de mujeres encerradas allí o llegadas de otros campos.

Próximo a entrar en la etapa de alegatos, Niklison repasa en esta entrevista con Página/12 algunos ejes que surgieron del juicio que permitió por primera vez reunir 34 casos para la fiscalía y 35 para la querella. Entre otras cosas, explica por qué cree que la idea del robo de niños no surgió el 24 de marzo de 1976 sino que fue un efecto de la política de desaparición que obligó en determinado momento a poner en marcha el robo de niños. Habla de los jefes del Plan: Jorge Rafael Videla, Reynaldo Bignone y Jorge “el Tigre” Acosta, entre otros. De la Iglesia y el rol que efectivamente cumplieron “montones” de “obispos, adjuntores y capellanes” que entregaron información a la familias y muestran que tuvieron “acceso a la información”. Y habla de los documentos desclasificados y de la “importantísima” declaración del entonces funcionario norteamericano Eliott Abrams, que dijo que Estados Unidos sabía del robo de bebés y sugirió que intervenga la Iglesia: “Esto demuestra que el gobierno norteamericano quería que no los eduquen (a los chicos) familias comunistas, por eso se lo bancaron. Y segundo, se ve en el memorándum que con los desaparecidos está, pero los chicos es un tema que les hace ruido”.
–¿Cuál es la imagen del juicio que más le impactó?
–Al principio hubo algunas muy fuertes, pero la declaración de Victoria Montenegro fue muy importante. Sabía lo que iba a decir, pero me pareció una persona que podía llorar y reírse, y contar su fanatismo por el militar que la apropió y decir lo contrario. Pudo manejar el drama, contarlo cuando dos o tres años antes seguía sosteniendo que era María Sol Tetzlaff. Fue importante cómo se animó a denunciar al fiscal Juan Martín Romero Victorica. Ella no sabía qué hacer. Yo le dije que hoy había gente en la Justicia que no quería tapar esas cosas. Otra faceta fueron las Abuelas. Uno escuchaba a la abuela de Paula Logares, Elsa Pavón, entrar y salir y buscar a su nieta como en una historia de detectives. Me baso en pensar que el poder las subestimó: nunca pensó que estas mujeres iban a hacer todo eso. Cuando ellas hacen esto, lo normal hubiese sido que nunca hubiesen podido averiguar casi ningún dato, y por eso en definitiva en el Juicio a las Juntas se probó sólo el caso de los hermanos Gatica, porque no se pensaba que ellas iban a tener el tesón que tienen hasta hoy. La dictadura tenía la certeza de que no los iban a descubrir. Por eso en el documento final de la Junta, el que ordena la autoanmistía ni menciona el tema de los chicos. Lo hacen pese a que hay un plateo de la APDH para que intervenga la Iglesia. Y está ese otro planteo que ahora nos enteramos que hace Abrams por el lado de Estados Unidos.
–Dice lo mismo: que intervenga la Iglesia.
–Y ellos deciden no hacerlo con la confianza de que esto nunca iba a saltar. En el documento desclasificado hablan del problema de sacarle los chicos a las “familias adoptivas”. También eso es importantísimo porque muestra que en algún lugar todavía hay documentación y la deben tener. No puedo creer que hayan prendido fuego o no hayan microfilmado a quién le dieron cada chico.
–Al comienzo del juicio, se dijo que la sucesión de casos iba a permitir ver el plan sistemático. ¿Qué se vio?
–La fiscalía tiene 34 casos. Sabemos que hay más. No sólo por las denuncias sino porque hay montones de condenas y sin embargo no forman parte del juicio. Pero estos casos fueron elegidos por los lugares donde se dieron: dentro de Buenos Aires, y a lo mejor es que el tema de los chicos se concentró acá aunque hubo casos en Córdoba, en San Juan o Santa Fe y alguno en otro lugar.
–¿Los otros serían casos aislados?
–Pareciera que el grueso se dio acá. Hubo dos casos de este juicio de embarazadas que trajeron desde Córdoba. Pero por las declaraciones, para mí en Córdoba se dieron todas las situaciones: hubo a quienes se les devolvieron los hijos, hubo embarazadas fusiladas y algunos testigos hablan de la resistencia de los médicos de allá a prestarse para partos de mujeres secuestradas. Esa sería la explicación de por qué traen a la ESMA a María del Carmen “Pichona” Moyano de Poblete, por ejemplo. También hubo un caso con condena en el Hospital de Paraná el año pasado y se dijo que podría haber otros. Pero cuando se hizo la denuncia original de esta causa, hace 16 años, se eligieron estos casos y tiene su lógica.
–¿Qué características tienen en común?
–De los 34 casos, 33 madres desaparecen. Sólo queda viva Sara Rita Méndez, que la devuelven a Uruguay pero entregan a su hijo acá. Y desaparecen 32 padres, ni Abel Madariaga desapareció ni el marido de Sara Méndez.
–¿Qué significa eso?
–Mi idea es que cuando la madre iba a ser liberada, no le robaban los chicos. Y por supuesto la postura de la acusación no va a ser que el Ejército se convirtió en una banda dedicada a robar chicos. No es así. Hubo embarazadas a las que mataron directamente y otras perdían los embarazos en las torturas, pero en los demás casos está claro que las tenían esperando hasta que tuvieran los hijos, luego las desaparecían y en ese momento entregaban al chico. Casos de mujeres desparecidas que hayan parido en cautiverio y que les devuelvan los hijos hay muy pocos: uno en ESMA, uno en Vesubio y pareciera que dos en Córdoba, pero en general en eso hay una especie de regla.
–¿Qué pasó con los niños más grandes?
–De los 34 casos, 27 nacieron en cautiverio. Y 7 ya habían nacido, tenían entre 13 días y 4 años, como Anatole Julien, que lo llevaron a Orletti con su hermana, después a Uruguay, y los abandonan en una plaza de Chile. Creo que su edad generó el problema de entregarlo, con lo que lo llevaron a Chile para que no se supiera dónde estaban. Por lo cual estaban desaparecidos. Uruguay tampoco se quiso hacer responsable.
–Una hipótesis indica que a los recién nacidos los apropiaban y los más grandes los entregaron a instituciones.
–Yo creo que ocurrió como en otras adopciones: la gente quiere adoptar un bebé recién nacido. A los chicos ya nacidos en general no los robaron. Supongo que no les sería tan práctico llevarlos a los centros clandestinos. Hay niños secuestrados en operativos que fueron devueltos y otros que no.


La solución argentina

–Hubo dictaduras similares en toda América latina. Y en ningún caso se desarrolló una organización como la de Abuelas de Plaza de Mayo. Le pregunté a Pérez Esquivel cuando estuvo, y me dijo que no hubo. En Uruguay, hubo sólo el caso de Macarena Gelman, por eso estaban horrorizados cuando sale la denuncia. En Chile no hay casos, por lo menos yo no los tengo. Y en Bolivia, pregunté y una testigo me dijo que no. No quiere decir que no puede haber, pero por lo menos no tuvo la dimensión como para que se organice una agrupación para reclamar. Entonces, salvo que los militares y policías argentinos tengan una predisposición a apropiarse de los hijos de sus víctimas, cosa que no creo, es que de arriba decidieron hacerlo. ¿Por qué ocurre algo así en una sociedad y no en otra? Porque hay algo del poder que lo permite.
–¿Por qué?
–Sin duda tiene relación con la metodología elegida. En Uruguay hubo detenciones o asesinatos, los desaparecidos son poquísimos. En Chile hubo desaparecidos, pero iban directamente y los fusilaban. Todos tuvieron sus áreas clandestinas pero acá, estimulados por las condenas internacionales que caían sobre Chile, se estableció la clandestinidad como método central. Entonces surge el problema de los niños. Creo que el 24 de marzo no se propusieron tomar a los chicos, pero como el noventa por ciento de las víctimas eran personas jóvenes, generalmente parejas y mujeres en edad fértil con chicos, chiquitos, les surgió el problema y encontraron un justificativo importantísimo: se dijeron que los chicos eran así por las familias que los educaron con estas ideas.

La Iglesia

–Lo que interesa en el juicio es la gran cantidad de información que obtenían a través de gente de la Iglesia los familiares que buscaban a sus hijas y a sus chiquitos. Vino de montones de obispos y adjuntores de entonces. Monseñor Raúl Plaza le dice a Chicha Mariani que no busque más a su nieta porque está bien con otra familia. En el caso de (Licha) La Cuadra también le da información otro obispo y le dice que su nieta está siendo educada cristianamente. Graselli le dice más o menos lo mismo. Otro (el vicario castrense, Victorio), Bonamín, le dice a un pariente de Beatriz Castiglione que ella debería ser liberada unas semanas más adelante. (El entonces párroco del obispado de Morón, Raúl) Trotz que le dice a Amelia Galeano que su amiga Teresita, que era catequista, ya estaba afuera del país y su hija estaba siendo educada por una familia cristiana. O sea, llegaban a la información.
–Hay más casos: Sandoval, por ejemplo.
–La familia de Alejandro Sandoval era de Entre Ríos y al padre le dijo el cura del pueblo, que era un capellán del Regimiento de ahí, que tuvo un varón. Juan Gelman llegó a la información en 1977, cuando le dijeron en el Vaticano que nació su nieta o nieto, a través del segundo de la Secretaría de Estado vaticana que se comunica con alguien de Argentina y supo aquello dea child was borns. ¿Cómo hace un obispo, y en este caso un obispo que es un diplomático, para obtener información? El obispo tuvo que haberse contactado con un general o almirante que le dio información. Los datos me sirven para marcar eso: ahora están todos muertos, pero permiten saber que ellos tenían acceso, que había niveles donde sabían. Pareciera que no estaba descontrolado, estaba perfectamente controlado.



La maternidad como eje del plan

“Las maternidades son los casos mas claros del Plan porque eran algo muy organizado. En la ESMA encajan una maternidad que no es sólo para los presos de la Armada sino para los de la Fuerza Aérea y del Ejército. Es el caso más paradigmático porque era una maternidad estructurada, en coordinación con las otras fuerzas, lo que demuestra que montaron una organización y que hubo acuerdo entre las fuerzas. Con lo cual, la idea de Plan y de la práctica sistemática y organizada está perfectamente establecida. Allí llevan a dos detenidas de Fuerza Aérea (Graciela Tauro de Rochistein y Patricia Roisinblit). Y eso deja claro que no es un acuerdo de un comodoro con Jorge Acosta sino que hay otro nivel que decidió ese traslado, donde está organizado: la ESMA funciona bien en eso.

–¿Y Campo de Mayo?
–También es importante porque es un hospital militar importantísimo y si bien en el juicio tenemos sólo dos mujeres que estaban en El Campito, hay otra (Altamiranda Taranto) que llega del Vesubio y nace en el hospital. Pero ahí también tenemos dos chicos que fueron entregados a las madres porque las madres vivieron, como Paula Ogando.
–¿En el pozo de Banfield?
–Tenemos nacimientos de diciembre de 1976 a agosto de 1978, solamente en este juicio porque hay muchas más denuncias. Pero el tiempo demuestra continuidad. Yo no sé por qué lo hacían ahí, nacían en condiciones terribles. Hay casos que nacieron sin médico, como el parto de María Eloísa Castellini, que tuvo a Victoria en un pasillo en abril de 1977. Y también estuvo Asunción Artigas, la madre de Victoria Moyano a la que en algún momento el comisario Oscar Penna le proveyó vitaminas, porque su hermano se iba a quedar con el chico.



Los traslados interfuerzas

–¿Hubo traslados del Ejército a la ESMA?
–El caso de Juan Cabandié es uno. La madre pasó de El Banco a la ESMA antes del parto. El mayor Guillermo Minicucci, que aparece todo el tiempo, la iba a visitar. Minicucci estaba a cargo de El Banco y Olimpo. También aparece como el padrino del chico de Cecilia Viñas. Cuando desaparece Claudia Poblete, él está en el Olimpo. Y en el parto de Laura Carlotto, en el Hospital Militar Central, un conscripto dice que estuvo una persona que le decían “mayor”. La hipótesis es que estaba en el reparto de chicos encomendado por alguien que no sé quién será.


jueves, 9 de febrero de 2012

Cronograma de audiencias


Lunes 13 de febrero
10 hs. Juan José Prado 
Reproducción de videos requeridos por las partes.

Martes 14 de febrero
Cuestiones de prueba - no hay testimonios

Miércoles 15 de febrero
Cuestiones de prueba - no hay testimonios.