viernes, 25 de noviembre de 2011

Cronograma actualizado de audiencias

Martes 29 de noviembre

9:30 Santiago Cao

10:00 José Antonio Maseda

María Elena Pólvora

Fabiana Alejandra Moschetto

Liliana Beatriz Costa

13:00 Gustavo Andrés Balvi

Patricia Fernanda Righetti

Marcos Taricco


Martes 20 de diciembre (videoconferencia)

9:00 Juan Antonio García Iruretagoyena

Alejandro Martín García Cassinelli

Vicen te Romero

14:00. María Cristina Bustamante


Miércoles 21 de diciembre

10:00 Aldo o Álvaro Nores Montedónico (videoconferencia)

Armando Nicolás Pérez

Mariana Iris Pérez

Patricia Erb


Lunes 26 de diciembre

10:30 Miguel Cabrera

Ernesto González

viernes, 18 de noviembre de 2011

Cronograma actualizado de audiencias

Lunes 21 de noviembre

09.30 Gabriel Mazzarovich (videoconferencia)

Rafael Eugenio Michelini (videoconferencia)

Beatriz Castellonese Techera (videoconferencia)

Orlinda Falero

Nilda Leguiza

Martes 22 de noviembre

09:30 María Estela Herrera

10:30 Graciela Velardez

Natividad Valenzuela

12:30 Washington Martínez Rodríguez

14:00 María Seoane

15:00 Marcos Taricco

Miércoles 23 de noviembre (Auditórium)

09:30 Marta Ybarra

María Isabel Díaz

Elena Vago

Matías Bertone

Juan Roger Rodríguez Chandari

Julia Haydee Campos


Martes 29 de noviembre

9.30 José Antonio Maseda

10:30 María Elena Pólvora

11:30 Fabiana Alejandra Moschetto

12:30 Liliana Beatriz Costa

14:00 Patricia Fernanda Righetti

15:00 Gustavo Andrés Balvi

15:30 Julia Olga Flores


Mariana Zaffaroni Islas: “Yo no me quería hacer cargo de mi historia”

Por Carmen Urzola Maldonado

Mariana Zaffaroni Islas, nació el 22 de marzo de 1975. Un año después fue secuestrada junto a sus padres, ambos uruguayos, en el marco del Plan Cóndor. Recién en 1993, tras hacerse el análisis de sangre en el BNDG, recuperó su identidad.

El 14 de noviembre testificó ante el TOF Nº 6, en la causa por Plan Sistemático de Apropiación de Menores. Allí, habló de sus traumas, de sus padres biológicos -Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas-, de sus apropiadores -el agente de inteligencia Miguel Ángel Furci y su esposa Adriana-, y también vinculó con su apropiación al represor Eduardo Ruffo.

“Hasta los 17 años creí que me llamaba Daniela Furci. Después de recuperar mi identidad el proceso de adaptación fue bastante lento, yo no me quería hacer cargo de mi historia. Pero cuando nació mi hija, todo empezó a fluir con mi familia. Ahora, al ver personas parecidas a mí, tengo la sensación de pertenecer. Esto yo no lo había sentido nunca a pesar de que tuve una infancia feliz”, relató.

Mariana contó que Furci le dio diversas versiones sobre su apropiación: “Me dijo que él no trabajaba en Automotores Orletti, lugar de donde me retiró, y que iba eventualmente. Ruffo le dijo que allí había una nena pero que para sacarme debía hablar con Gavazzo y Gordon. En una de esas visitas dice que vio a una mujer encapuchada, que él supone que era mi madre. Se encontraba con varios niños. Me dijo que me había entregado Aníbal Gordon pero también me dijo que me había recibido de brazos de mi madre cuando estaba en el avión que la llevaría a Uruguay”.

La nieta relató que siempre tuvo pesadillas con olas gigantes y mucho miedo al ruido de los baños. Cuando le preguntó a Furci por la razón de sus temores, él le respondió que no sabía y que le consultara a Ruffo. “Me reuní con Ruffo y le pregunté que había pasado al momento del secuestro de mi familia pero me respondió que había estado en muchos operativos y que no recordaba mi caso en particular”, declaró.

Además, Mariana dio detalles sobre la búsqueda de su abuela paterna. “Se comunicó con el nuncio apostólico y con monseñor Pío Laghi. Me sorprendió mucho que Pío Laghi le dijera a mi abuela que no sabía nada porque en 1982 y 1983 Furci recibió tarjetas de él”, advirtió. Luego, la joven entregó al tribunal una carpeta que le dio su abuela María Esther Gatti de Islas, quien trabajó con Abuelas de Plaza de Mayo, con las Madres y con su familia hasta encontrar a Mariana. En esa carpeta está toda la documentación de las diferentes diligencias que hicieron para encontrarla y también hay una copia de la película “Por esos ojos”, que pone énfasis en el proceso de búsqueda que llevó a cabo su abuela durante 16 años.

Pero la búsqueda continúa. María Emilia Islas y Jorge Zaffaroni continúan desaparecidos. Según tres testigos, la familia esperaba su segundo hijo al momento del secuestro: al parecer María Emilia llevaba tres meses de embarazo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Pruebas del plan sistemático

La periodista Victoria Ginzberg fue convocada por una nota escrita en 2002, referida a los documentos desclasificados por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Uno de los papeles revela que el dictador Reynaldo Bignone reconocía en 1982 la apropiación de bebés y se negaba a devolver a los niños a sus familias.

(Fuente: Página/12)

“Toqué con el embajador el tema de los niños, como los chicos nacidos en prisión o los chicos sacados a sus familias durante la guerra sucia. Mientras los desaparecidos estaban muertos, estos niños estaban vivos y esto era, en un sentido, el más grave problema humanitario. El embajador coincidió completamente y ya había hablado esto con su ministro de Relaciones Exteriores y su presidente. Ellos no rechazaron su visión, pero señalaron el problema de, por ejemplo, quitar los chicos a sus padres adoptivos.” El párrafo fue escrito por Elliot Abrams, de la oficina de derechos humanos de la Subsecretaría de Estado norteamericana. Figura en uno de los documentos desclasificados por los Estados Unidos en 2002 que fue publicado en ese momento por Página/12. Se trata de una prueba de la existencia de un plan sistemático para apropiarse de los hijos de desaparecidos, ya que demuestra que el dictador Reynaldo Bignone estaba al tanto del “tema” de los niños apropiados y se negaba a devolverlos a sus familiares para no “quitar a los chicos de sus padres adoptivos”. La periodista de Página/12 Victoria Ginzberg declaró ayer en el juicio oral que lleva adelante el Tribunal Oral Federal 6 y, además de ratificar el contenido de las notas publicadas en 2002 por este diario, profundizó acerca de las menciones a los niños desaparecidos que hay en los papeles del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Uno de los documentos utilizados en la nota titulada “El embajador y el plan sistemático”, del 23 de agosto de 2002, por la que fue convocada la periodista, da cuenta de que el 3 de diciembre de 1982, a la una del mediodía, el por entonces embajador argentino en Estados Unidos, Lucio Alberto García del Solar, se reunió con Abrams en la confitería Jockey Club, en el hotel Ritz-Carlton de Washington. “Había dos temas principales, la certificación (una especie de certificado de buena conducta) y la cuestión de los desaparecidos”, apuntó el funcionario estadounidense al elaborar el memorándum en el que relató el encuentro.

Luego del análisis político, Abrams introdujo el tema de los niños desaparecidos. En este asunto, obtuvo la simpatía personal de García del Solar pero el rechazo oficial del Gobierno, encarnado en el canciller –que por ese entonces era Juan Ramón Aguirre Lanari– y en quien ocupaba la usurpada presidencia, Reynaldo Benito Bignone.

“Yo sugerí que ese problema debería ser manejado por la Iglesia o por una comisión que incluya a la Iglesia, doctores, etc. Las acciones respecto de estos chicos podrían tener un enorme contenido humanitario y político. Nuevamente el embajador dijo que estaba completamente de acuerdo y que tocaría este punto una vez más con Buenos Aires”, prosigue el documento. El papel contiene un par de párrafos que aún permanecen ocultos, ya que el gobierno norteamericano no autorizó su difusión completa. Como podría contener información sensible para el proceso que llevan adelante los jueces María del Carmen Roqueta, Julio Luis Panelo y Domingo Luis Altieri, los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo, Luciano Hazan y Alan Iud, pidieron que se solicite la difusión completa de dicho documento.

En agosto de 2002, el Departamento de Estado de los Estados Unidos desclasificó 4677 cables sobre violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura militar en la Argentina. La apertura de esos archivos había sido solicitada dos años antes por Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y el Centro de Estudios Legales y Sociales durante una reunión con la entonces secretaria de Estado Madeleine Albright en Buenos Aires. Uno de los aportes de esos papeles fue mostrar que lo que los militares callaban y aún ocultan en público, lo admitían sin tapujos hace 30 años ante funcionarios de la embajada norteamericana.

- Otros cables del Departamento de Estado citados en la nota publicada el 23 de agosto de 2002 y mencionados por la periodista de Página/12 durante su testimonio describen que en el año 1978 los funcionarios norteamericanos eran escépticos sobre la posibilidad de que los militares argentinos llegaran al punto de secuestrar niños o apropiarse de bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres. “Nosotros sabemos que el gobierno argentino cree que los adolescentes son capaces de actividad terrorista y que hubo arrestos de adolescentes. (...) Miembros del gobierno declararon a miembros de la embajada que las operaciones no podían estar limitadas por la edad porque un grupo de adolescentes impresionables es un área fértil para la penetración de terroristas y subversivos. Se reportaron un número de casos de adolescentes desaparecidos. Creemos que fueron estos elementos los que originaron las declaraciones sobre chicos desaparecidos”, se asegura en un documento del 29 de septiembre de 1978.

El tiempo les fue demostrando que estaban equivocados. Durante 1979 se fueron incrementando las denuncias que recibían vinculadas a los niños desaparecidos. En un cable de enero de 1979 se mencionan 22 hechos, entre casos de adolescentes y niños pequeños, como Amaral García, de tres años, Pablo Menna, de dos, y Simón Riquelo, de 20 días. Dos meses después, aparece entre los papeles de interés del Departamento de Estado un informe de Amnistía Internacional de marzo de 1979 en el que se habla no sólo de niños desaparecidos sino también de posibles apropiaciones de bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres. “Hay reportes no confirmados acerca de que a chicos secuestrados les fueron dadas nuevas identidades y enviados a adopción. Otro grupo de mujeres, que se hicieron conocidas como Abuelas de Plaza de Mayo, están buscando nietos que nunca vieron. Las Abuelas sólo saben que sus hijas o nueras estaban embarazadas cuando desaparecieron”, señalaba el organismo de derechos humanos antes de mencionar los nombres de las mujeres que podían haber dado a luz cuando estaban secuestradas, como Liliana Fontana, Silvina Parodi, Beatriz Recchia, María Claudia García Irureta Goyena, Ana María Lancillotto, Mónica María Lemos, entre otros.

- Según se desprende de otro documento, diecisiete días antes de la reunión entre Abrams y García del Solar, las Abuelas de Plaza de Mayo se habían reunido con funcionarios del Departamento de Estado. María Isabel Mariani –por entonces presidenta de la institución– y Estela de Carlotto –vicepresidenta (aparece como Carloti en el papel)– explicaron el 15 de noviembre de 1982 “que representaban a 117 abuelas cuyos 110 nietos fueron secuestrados con sus padres desaparecidos o que nacieron durante la detención de sus padres”. “Dijeron que hay probablemente 400 niños desaparecidos, pero que otros abuelos tienen miedo de denunciar. Las Abuelas no pudieron obtener ninguna respuesta del gobierno argentino sobre sus nietos. Agregaron que están convencidas de que sus nietos están vivos y que la mayoría están ya ubicados con padres adoptivos.” Finalmente, está el memo de la reunión entre Abrams y García del Solar. Allí ambos dan por sentado que los niños fueron secuestrados, que fueron entregados a “familias adoptivas”, y el embajador informa que el dictador Bignone se resistía a la propuesta del funcionario norteamericano que consistía en dar al tema una “salida humanitaria” (es decir devolverlos a sus familias) con intervención de una junta médica o de la Iglesia. Como es sabido, los represores argentinos no entregaron a los niños buscados por las Abuelas de Plaza de Mayo. En estos 34 años el organismo de derechos humanos logró que 105 niños, hoy jóvenes, recuperaran su identidad. Aún quedan 400 casos sin resolver.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cronograma actualizado de audiencias

Lunes 14 de noviembre

10:00 Lucía Zaffaroni

11:00 Mariana Zaffaroni

Lisandro Raúl Cubas (videoconferencia)

Martes 15 de noviembre

11:00 Victoria Ginzberg

Franciasco Cullari

Joaquín Castro

Paula Elena Ogando

Miércoles 16 de noviembre

FERIADO JUDICIAL

Lunes 21 de noviembre

9:30 Gabriel Mazzarovich (videoconferencia)

Rafael Eugenio Michelini (videoconferencia)

Beatriz Castellonese Techera

Héctor Di Pirro

Héctor Agustín Tebaldi

Isidoro Antonio Paradelo

Martes 22 de noviembre

10:00 Lorena Tasca

María Estela Herrera

Marcos Tarico

Santiago Cao

Miguel Cabrera

María Seoane

Miércoles 23 de noviembre (auditórium)

10:00 Graciela Viviana Velárdez

Natividad Lidia Valenzuela

Washington Rubén Martínez Rodríguez

Juan Roger Rodríguez Chandari

jueves, 10 de noviembre de 2011

Laura Catalina De Sanctis Ovando: “Ellos son cómplices de las muertes”

“Más allá de haberme robado, es un requisito que mis papás hayan desaparecido para quedarse conmigo”, dijo Catalina ante el tribunal que juzga el plan sistemático de apropiación de niños. La vinculación con el Movimiento Familiar Cristiano.
(Fuente: Alejandra Dandan – Página 12)

Laura Catalina de Sanctis Ovando tuvo la certeza de que estaban hablando de ella cuando vio un spot de Abuelas de Plaza de Mayo en televisión. Era el año 1998, ella había cumplido 21 años, estaba en una casa de Belgrano, pero sabía que su nacimiento, por alguna razón inexplicable, había sido en Campo de Mayo. Ella declaró ayer por primera vez en el ámbito de un juicio oral, en la causa por el robo sistemático de niños durante la dictadura. Su historia conecta nuevamente al Movimiento Familiar Cristiano (MFC) con las apropiaciones ilegales de la dictadura.

“Yo siempre decía desde chica, desde los ocho años me acuerdo, que tenía cara de nada al mirarme al espejo. Cuando vi las fotos de mi mamá con la esperanza de verme en alguien... las fotos eran de mala calidad, así que me enojé.”

Catalina nació el 11 de agosto de 1977. Desde chica creyó que era hija biológica de sus apropiadores porque la habían anotado fraguando un libro de parto del Hospital Militar de Campo de Mayo. El dato abre nuevas puertas para la búsqueda de niños, ya que hasta ahora muchos de los robos-desapariciones del hospital parecían partir de inscripciones de NN.

Sus apropiadores fueron María Francisca Morilla y Carlos Hidalgo Garzón; ella, una docente que desde chica le relató dificultades para quedar embarazada y a sus seis años intentó decirle que era adoptada, pero cuando entendió que la historia podía terminar en casa de las Abuelas de Plaza de Mayo volvió atrás. Su apropiador era un hombre de Inteligencia del Ejército, enlace entre el Batallón 601 y el 101 de La Plata, con contactos eternos entre los espías y abogado. Su historia es simbólica porque contiene datos que a esta altura del juicio parecen estandarizar lo que funcionó como sistema de apropiación de bebés.

La historia
Catalina está casada, es profesora de educación física y durante el ritual del comienzo de la audiencia decidió no jurar, sino prometer decir la verdad. En la sala estuvo su compañero y compañeros de militancia de sus padres, parte de Montoneros. Su caso no forma parte de este megajuicio, pero el hallazgo de la carta del MFC habilitó su relato como parte de las pruebas.

–Al comienzo dijiste tu nombre –le dijo el abogado de Abuelas, Alan Iud–.

–¿Siempre ése fue tu nombre?

–No –dijo ella–. Mi nombre era otro. De hecho, mi DNI continúa con ese otro nombre que me pusieron mis apropiadores. Mi nombre era María Carolina Hidalgo Garzón.

–¿Cómo te enteraste de que no era?

–A raíz de una causa judicial, en el año 2008 se hizo un allanamiento en el que se llevaron prendas mías que permitieron determinar que mis papás eran Raúl René de Sanctis y Miriam Ovando. Mi mamá había podido enviar una carta a mis abuelos diciendo que yo había nacido, por eso sé que me llamo Laura Catalina.

Y luego:

–Yo fui criada como hija biológica, así fui inscripta, no tuve dudas hasta mis 21 años, en que vi en la tele una publicidad de Abuelas y tuve la certeza, no dudas, de que yo era hija de desaparecidos. Es como que en ese momento se juntó toda la información y tuvo un sentido el nunca haber visto fotos de mi apropiadora embarazada, el lugar donde había nacido, porque vivíamos en Belgrano pero yo nací en Campo de Mayo y las explicaciones que me dieron siempre eran diferentes, no tenían sentido. En ese momento le fui a preguntar a Morillo si yo era hija de desaparecidos, me dijo que sí, que mis papás habían muerto en un enfrentamiento. Pero que no era como decían las Abuelas, que no me habían elegido, sino que yo había quedado huérfana y las familias (biológicas) cuando se les daba la noticia de un bebé, no los querían, como que los rechazaban.

La conversación cerró con otro mensaje: si ella hacía algo para conocer quiénes eran sus padres, ellos iban a ir presos. Catalina les dijo que no iba a hacer nada que los perjudicara, y cuando notó que algo parecido a una causa judicial podía dar con ella empezó a escaparse. Primero a Paraguay con su marido, pero seguida por su apropiador, luego a Misiones. “Me llevó mucho tiempo poder desprenderme de esa culpa que lograron que sintiera, porque me seguía sintiendo yo responsable de las consecuencias de sus actos.” En la recuperación veloz de la historia, con momentos de decisión y el allanamiento judicial que la encontró instalada en San Luis, hubo otros datos importantes. El ticket de compra de ropa para un bebé de 1977, una charla que su marido Rodrigo tuvo con su apropiador antes de la muerte y una carta sobre el MFC.

El ticket era una tarjetita de ropa para bebé comprada en cuotas, del 13 de agosto de 1977. Ya estaba la causa abierta, pero ese ticket la alteró porque todavía estaba convencida de que había nacido el día 15. “Me pareció sumamente doloroso pensar que yo iba a nacer y que ellos hayan estado preparando las cosas desde antes y entonces se cayó todo el engaño de que yo me había quedado sola y ellos por amor me adoptaron.”

En otro momento, Rodrigo le mostró a su apropiador fotos de las posibles parejas de padres de Catalina. “Mi apropiador reconoció a mi mamá antes de que yo supiera el resultado del examen. Le dijo que la había visto en Campo de Mayo detenida, y que al otro día había llamado para ver si ‘habían volado el paquete’. Cuando Rodrigo le preguntó si se refería a los vuelos de la muerte, dijo que sí. Y también le comentó que el que me había entregado fue el doctor Bianco, que me habían ido a buscar personalmente a Campo de Mayo en su Falcon.” Y digo: “Esto obviamente me hizo cambiar la mirada de todo. Y eso fue lo que me hizo querer ser querellante en la causa contra ellos, porque más allá de haberme robado, es un requisito que mis papás hayan desaparecido para quedarse conmigo, así que son cómplices de la muerte de mis papás”.

En un último allanamiento encontraron una carta con datos del MFC. Tenía fecha de abril de 1977 y estaba dirigida a un tal Carlos Herrera Goncalvez, el supuesto nombre de cobertura de su apropiador, para ese entonces instalado en Tucumán. La carta –publicada en septiembre por Página/12–, escrita por su apropiadora, hablaba de la visita de una asistente social del MFC y hacía referencia a cómo eran los partos. Decía que según la asistente, “eran partos normales”, “que no se entregan chicos con malformaciones”. Es muy raro, dijo Catalina: “Me di cuenta de que habla de partos cuando todo supuestamente tenía que ver con adopciones, que en general son chicos más grandes”.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Victoria Julien Grisonas: “No sabía qué sentir, qué pensar”

Ella y su hermano fueron los primeros nietos localizados por Abuelas. Estuvieron en el centro Orletti y fueron dejados en Chile. Se enteró de su historia a los nueve años. “Cosas que no tenían sentido empezaban a tener explicación”, aseguró.

(Fuente: Alejandra Dandan - Página 12)

No entendía por qué tenía tantas abuelas. O por qué se callaban o dejaban de hablar cuando ella entraba de pronto a algún lugar. A los nueve años, viajó por primera vez a Uruguay. O, más bien, volvía al espacio donde había estado secuestrada de muy niña. Quienes suponía como sus padres intentaron explicarle algo de ese viaje antes de salir: “Con mucho cuidado y muy amorosamente me cuentan que vengo de otra familia, que tuve otros papás, que me querían muchísimo, que por eso venía una abuelita a verme con otro acento. Que por problemas políticos ellos se habían muerto”.

“En ese mismo viaje me acerqué un día a mi tía y le dije que me diga qué pasaba porque había cosas que no entendía: y me empiezan a contar, me muestran fotos, escritos, fue algo muy fuerte, muy potente para mí: siempre digo que fue un antes y un después, se me habla por primera vez de la tortura, de la desaparición, de las fuerzas conjuntas, de cuánta gente embarazada, adolescentes, estaban desaparecidos. Es como un golpe en la cabeza: no sabía qué sentir, qué pensar, tuve un efecto de shock: afuera no se notaba nada, pero por adentro sentía algo muy fuerte: cosas que no tenían sentido empezaban a tener explicación. Como que cuando mi madre (adoptiva) se iba yo me ponía muy mal, algo que se llama angustia de la separación de la madre: horror a que la madre desaparezca como si realmente se fuera a morir. Tenía pesadillas, sensación de vacío y dolor, síntomas que después entendí que eran depresivos.”

Claudia Victoria Larrabeiti Yañez es Victoria Julien Grisonas, la hermana de Anatole, los niños secuestrados el 26 de septiembre de 1976 cuando tenían año y medio y cuatro años de edad; que después de pasar por un centro clandestino en Buenos Aires y otro en Montevideo terminaron abandonados en Chile por fuerzas del Plan Cóndor. En aquel momento la prensa chilena los presentó como posibles hijos de “requeridos argentinos”. El acento de Anatole, la ropa, los comentarios de los lugares que habían recorrido o la dificultad de él para pronunciar el nombre de sus padres eran algunos motivos por los que los nombraban de esa forma. Anatole declaró la semana pasada en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés. Victoria declaró ayer desde el Consulado argentino en Chile. Antes de empezar, les pidió a los jueces del Tribunal Oral Federal 6 que, como no había psicólogos ni otra asistencia para las víctimas cerca, dejasen estar a su novio dentro de la sala.

–¿Su nombre? –le preguntó la jueza María del Carmen Roqueta.

–Claudia Victoria Larrabeiti Yañez –dijo Victoria.

–¿Nacionalidad?

–Chilena –dijo y rió–: aunque nací en Buenos Aires.

–¿Fecha de nacimiento?

–En mi cédula chilena, el 2 de agosto, y la verdadera el 7 de mayo de 1975.

Y luego:

–¿Tiene algún vínculo de enemistad, amistad o parentesco con los acusados?

–Yo soy víctima de las cosas cometidas por ellos, ésa es mi relación.


El operativo

“Desde los nueve años tuve noción de mi verdadera identidad, que venía de otra familia, pero hace tres o cuatro años empecé una investigación respecto de las personas que nos conocieron cuando éramos bebés. En un aniversario de Abuelas de Plaza de Mayo tuve oportunidad de conocer a un testigo directo del operativo.”

El testigo era un kiosquero: “Conocía a mis padres, a nosotros, porque íbamos a comprar golosinas y dulces y socializaron bastante con ellos, en comidas, en reuniones sin él saber la naturaleza de un compromiso político de mis padres: para él eran sus vecinos y nosotros sus hijos”.

El kiosquero vio el despliegue del enorme operativo el día del secuestro de sus padres, Victoria Grisonas y Roger Julien. Tanquetas, hombres de civil, militares, gente armada y un allanamiento. “Habla de que hay disparos, de que ve a mi madre cuando la tienen detenida. Me cuenta que mi padre intenta escapar por el patio trasero tratando de esconderse y avisando a otra familia. Había disparos. Trata de hacerse pasar por residente de esa casa porque afuera iban tocando las puertas del vecindario. Como se puso una toalla de turbante, no lo reconocen de inmediato hasta que sale y es donde la atrapan. Mi madre trata de escapar conmigo y mi hermano, la capturan, somos separados de ella. Mi hermano tiene el recuerdo de haberla vista herida. El recuerda comentarios de algún policía o militar que le decía: la yegua de tu madre ya no va a estar más”.

Los niños terminaron en Orletti. El kiosquero todavía vio a su madre sujetada de las extremidades del cuerpo, golpes contra el pavimento, la intención de alguien de parar. Alguien apuntándola. No hay otros datos: la idea de que a él lo mataron, la opción de una pastilla de cianuro. La incerteza sobre ella.

El traslado

Victoria y Anatole pasaron de Orletti a un centro clandestino uruguayo. Luego hubo un hotel, aparentemente en Buenos Aires. Y el traslado a una plaza de Valparaíso, en Chile. El poeta Juan Gelman habló de ellos en su declaración de la semana pasada convencido de que llegaron ahí destinados a alguien y que como el contacto no apareció, decidieron dejarlos. Ellos todavía no tienen certeza. “Lo que no se entiende a esta altura de la historia es por qué nos llevan a Chile: algunos dicen que como mi hermano tenía cuatro años y quizá había visto demasiado, la opción más fácil era desvincularnos de Uruguay y Argentina, entonces Chile era un país más lejano.” Los llevaron tres mujeres y dos hombres. Un auto “aparentemente lujoso” los dejó en un parque de diversiones: “Una supuesta tía Mónica nos dice que vamos a ir a los jueguitos, pero que la esperemos ahí, que vuelve en un momento: lo que sucede es que se retiran y no vuelven más, de hecho nos dejan ahí esperando y nadie nos viene a buscar por horas y horas y horas. La gente se dio cuenta de que somos como niños perdidos, que teníamos acento, que no éramos de ahí, estábamos bien vestidos, en una situación extraña, que no había ningún adulto que preguntara por nosotros”.

“Mi hermano tenía conocimiento de muchos lugares con ciertas características, era muy consciente de cómo se llamaba él y yo, y tenía como indicaciones de no hablar del nombre de nuestros padres: mamucha y papucho les decíamos y así empezaron a sospechar que nosotros podíamos venir de gente requerida en Argentina.”

Estuvieron en un hogar de menores. Luego con dos familias. Luego otra aceptó la idea de que “los hermanos de sangre no se separan” y eligió quedarse con los dos. Tres años después, con la difusión de las fotos en diarios que recorrieron el mundo, logró encontrarlos su abuela Angélica. “Ahí apareció otro gran revuelo y la pregunta de: ¿con quién se van a quedar? Mis padres (adoptivos) estaban a un par de días de firmar la adopción plena y se abstuvieron mostrando buena fe.” En ese momento Victoria dejó de hablar. Tomó agua. “Hubo mucho conflicto, obviamente mi abuela se sentía con el derecho de llevarnos, mis padres estaban hechos pedazos con la posibilidad de perdernos; mi hermano y yo no necesitábamos una nueva pérdida. Se dio en entender finalmente que lo más sano era mantener los vínculos, pero no perder a nuestros padres de nuevo, aunque fueran adoptivos. Mi abuela accedió con la condición de que visitáramos y tuviéramos contactos con Uruguay.”

En la audiencia, casi al final, Roqueta le preguntó si todavía recordaba algo o más bien si recuperó alguna imagen o algún olor de esos años. “A mi modo de ver –dijo Victoria– la realidad se construye no sólo de imágenes, sino de sensaciones, de cosas. Tengo sensaciones de ruido fuertes, cierto tipo de sonidos de ruido a golpes y repetidas relaciones vinculares de separación y de abandono. Eso podría mencionar.”