miércoles, 15 de junio de 2011

“Gallo se encargó de todo, como se encargó de anotar a todos mis hijos y de elegir el nombre”

Susana Colombo declaró en la causa plan sistemático de robo de bebés en la que se la juzga junto a su ex marido, el ex capitán del Ejército Víctor Alejandro Gallo, por la apropiación de Francisco Madariaga Quintela, el hijo de Abel Madariaga, secretario de Abuelas de Plaza de Mayo, y de Silvia Quintela Dallasta, desaparecida en 1977 por el terrorismo de Estado.


El lunes pasado, Gallo prefirió no hacer uso de la palabra por lo que la presidenta del Tribunal Oral Federal Nº 6, María del Carmen Roqueta, solicitó la lectura de su declaración realizada en el Juzgado Federal de San Martín donde estaba radicada la causa. “Yo no tenía necesidad de adoptar un bebé, fui conmovido por un acto profundo, fue un hecho de exclusiva caridad cristiana, en la que fui educado”, explicó sobre la apropiación de Francisco y en cuanto a la inscripción como hijo propio justificó: “Hubiese sido imposible adoptar un niño en esa época”. Con respecto a la llegada de Francisco a su hogar, relató que un oficial de campo de Mayo lo paró un día en el que él paseaba por ese destacamento, en julio del 77, y le entregó al niño. El militar le indicó que lo llevara al Hospital de San Miguel, y él supuso que podía ser hijos de desaparecidos. Sin embargo, pasó por su casa y como su mujer le dijo que se lo quedaran, accedió.


Por su parte, Inés Susana Colombo contó su versión, buscando responsabilizar a Gallo de los delitos que se los inculpa a ambos, amparándose en su condición de víctima de violencia de género. Sin embargo, las contradicciones en su propia narración hicieron que la declaración se extendiera cerca de tres horas en las que fiscales, abogados de ambas defensas, letrados de la querella y los propios jueces la inundaran de preguntas para intentar ordenar y esclarecer su relato. La contradicción más evidente surgió con respecto a la llegada de Francisco. Colombo aseguró que Gallo le había comentado acerca de un niño “abandonado” en Campo de Mayo y que días después, una noche, se apareció en un auto oscuro, estacionó sobre la vereda de enfrente a su casa, bajó y se lo entregó sin decirle una sola palabra. El bebé aún tenía el cordón umbilical. Alan Iud, abogado de Abuelas quiso saber si no le había dado ninguna explicación cuando se lo entregó. Ella insistió: “No, no teníamos diálogo, eran frases sueltas, yo le dije mil veces que quería adoptarlo, pero él me decía que no”. En su relato Colombo aseguró haber llevado a Francisco al pediatra de su hija, que entonces tenía un año y medio, para que lo revisara. Uno de los jueces quiso saber el nombre y entonces Colombo explicó que lo había llevado a Campo de Mayo. “Y qué documentación presentó”, preguntó el juez. “No sé, ninguna, no sé, el carnet supongo, no sé, el sistema de la obra social cambió varias veces”. Muchos volvieron sobre este punto que no logró esclarecerse con el relato de la acusada.


Roqueta le preguntó si ella relacionaba los dichos de Gallo sobre el niño abandonado con la llegada de Francisco a lo que Colombo respondió que sí. Luego intentó saber cuánto tiempo había pasado entre los dichos de Gallo y la llegada del bebé a su domicilio, y aseguró no recordarlo, pero que podría haber pasado una semana y media, diez días. La jueza entonces quiso saber cuándo había perdido entonces Francisco el cordón umbilical, y tampoco pudo precisarlo, pero estimó que habrían pasado al menos siete días más. La jueza también indagó sobre la fecha de nacimiento del niño y la inscripción: “Él se encargó de todo, como se encargó de anotar a todos mis hijos y de elegir el nombre. Yo no elegí el nombre de ninguno, quería que mi hija se llamara Florencia, pero él le puso Guadalupe”, se lamentó. Colombo relató una vida sumida en la violencia a lo que adujo, por eso, no haber confesado a Francisco su procedencia. El Tribunal preguntó por qué no lo hizo cuando Gallo estuvo por primera vez detenido por el delito de robo agravado por tenencia de armas, pero ella insistió en que tenía miedo.


Colombo narró el episodio en que decidió decir la verdad a Francisco: “El venía de una situación de haber estado extremadamente estresado, cuando Gallo debería estar asistiéndolo, lo cambiaba constantemente de lugar de trabajo y lo ponía en situaciones en que corría riesgo su vida”. Francisco, en febrero de 2010, cuando se le restituyó su identidad, se encontraba trabajando en la empresa de seguridad de Gallo, Lince. El episodio detonante por el que decidió acudir a Abuelas, además de las dudas constantes sobre su origen, fue cuando en una guardia se desató un tiroteo. “Él llegó desquiciado, lloraba, gritaba y decía que no podía ser su hijo si lo trataba así, entonces me dijo: yo no puedo ser de esta familia, decime si soy de esta familia, y yo le respondí que no”, explicó Colombo. Fue entonces cuando lo acompañó a Abuelas y Francisco comenzó su camino hacia la libertad.

martes, 14 de junio de 2011

“Su hija tenía un arma mucho más peligrosa que cualquier otra, las ideas”

La abuela Mirtha Acuña relató el secuestro de su hija Ana María Baravalle con cinco meses de embarazo, y de su yerno Julio César Galizzi, ocurrido el 27 de agosto de 1976. El operativo tuvo lugar en el domicilio de Ana María y Julio César, en el partido bonaerense de San Martín, y fue llevado a cabo por personas fuertemente armadas y con uniformes que irrumpieron a los disparos, saquearon la casa y se los llevaron sin decir nada.



Ese día, precisamente, la familia se había reunido a celebrar que el obstetra que atendía a Ana María la había felicitado porque “para ser primeriza su embarazo iba muy bien”, tal como contó Mirtha.



Ana María estudiaba sociología, trabajaba en el Ministerio de Hacienda y realizaba trabajo social. “Solía levantarse muy temprano a llevarle comida a la gente que estaba en la calle y decía que no quería que el pueblo se sometiera si no que se integrara”.



Mirtha dijo que hasta ese momento creía en las leyes, tan es así que inició el mismo recorrido que siguieron centenares de Madres y Abuelas. Primero presentó la denuncia ante la Justicia sin obtener respuesta, luego dos hábeas corpus, uno por su hija y su yerno y el otro por su nieto nacido en cautiverio, firmados por ella y por su esposo ya que los abogados se abstenían de firmarlos para no poner en riesgo su seguridad.



Mirtha supo entonces que no contaba con nadie, que lo único que tenía eran sus sentimientos de dolor, angustia, impotencia, pero no sólo eso: también tenía ese espíritu de lucha y perseverancia que caracterizaba a su hija Ana María.



“Hemos vivido la corrupción de los jueces y la indiferencia de la iglesia católica”. Mirtha relató su visita al monseñor Adolfo Servando Tortolo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y vicario de las fuerzas armadas, para que intercediera por sus seres queridos frente a las autoridades de la dictadura. En esos días Mirtha había tomado conocimiento de los tormentos a los que eran sometidas las jóvenes secuestradas. “Lo de las torturas no me consta”, fue la escueta contestación del sacerdote.



“Realizamos una cantidad enorme de actividades para buscar ayuda e investigar, viajamos a las provincias y a otros países, nos reuníamos en lugares públicos para celebrar los cumpleaños imaginarios de nuestros nietos y nietas y de esta forma intercambiamos información, varias veces fuimos atacadas y reprimidas”.



Un día tuvo la oportunidad de hablar con un teniente coronel en Campo de Mayo y le dijo: “Siempre le habíamos enseñado a nuestros hijos que los militares estaban para protegernos, por eso nunca tuvimos un arma, ¿por qué entonces se llevaron a mi hija?”. El militar le respondió: “Su hija tenía un arma mucho más peligrosa que cualquier otra, las ideas”.

Comenzó el juicio a Víctor Gallo por la apropiación de Francisco Madariaga

El ex capitán del Ejército Víctor Alejandro Gallo y su ex mujer Susana Colombo se encuentran imputados por la apropiación de Francisco Madariaga Quintela, hijo de Silvia Mónica Quintela y Abel Pedro Madariaga, actual secretario de Abuelas de Plaza de Mayo.


Incorporado como parte de la causa plan sistemático, el proceso también está a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 6 y se realiza en la Sala Amia de Comodoro Py. A Gallo y Colombo se los acusa del ocultamiento y retención del hijo del matrimonio Quintela-Madariaga y la falsificación de la partida de nacimiento con la que inscribieron al niño como su hijo biológico y obtuvieron un documento nacional de identidad falso, suprimiendo así el estado civil y la identidad de Francisco.


Francisco Madariaga Quintela recuperó su identidad el 17 de febrero de 2010, luego de presentarse en Abuelas con dudas sobre su identidad. El prontuario del ex carapintada Gallo, la fecha y el lugar de nacimiento de Francisco, sumado al relato sobre su difícil infancia, dieron las pautas que el ADN luego ratificó: se trataba del hijo de una desaparecida que dio a luz en cautiverio.


Gallo además de ahora estar imputado por el delito de apropiación ilegal de un menor de edad, fue condenado en 1997 a diez años de prisión por la Cámara Penal de San Martín por los delitos de robo calificado, tenencia de arma de guerra, privación ilegal de la libertad y coacción, en la llamada Masacre de Benavídez, ocurrida el 6 de septiembre de 1994.


Francisco y su padre declararán el próximo 21 de junio ante el TOF N° 6. Francisco podrá relatar su experiencia de apropiación y su padre la historia de búsqueda. Luego, el Tribunal deberá impartir justicia.

lunes, 13 de junio de 2011

Nuevo cronograma del juicio

13 de junio :
LECTURA R.E.J. GALLO - (2 imputados) – cuestiones preliminares – indagatorias -
14 de junio: Adriana Chamorro y Eduardo Otilio Corro – (Videoconferencia en Canadá – Toronto)
21 de junio:
9.00 hs. Abel Madariaga;
11.00 hs. Francisco Madariaga;
14:00 hs. Daniel Ernesto Quintela.
22 de junio:
9.00 hs. Marta Julia Plaza;
10:00 hs. Jorge Tato;
11:00 hs. Elena Casariego de Couget;
14:00 hs. Beatriz S. Castiglione;
15:00 Eduardo Covarrubias.
23 de junio:
9:00 hs. Ana Cristina Santucho;
10:00 hs. Patricia Erb;
11:00 hs. Rodolfo Peregrino Fernández, David Lanoscou, Celina Amalia Galeano, Pedro Pablo Caravallo, Aldo Rodríguez, Ramona Valentina Galeano, Rosa Penayo, Nicomendes Zaracho, Elvira Espínola, Agatino Federico Di Benedetto, Carlos Alberto Raffineti, Jorge Ernesto, urutchet Ragusin, Rosalinda Libertad Salguero, Alfredo G. Luna, Eduardo Alberto Pellerano, Eduardo J. Poisson, Roberto A. Schinoca, Silvia Cecilia Bonsignore de Petrillo, Lorena Josefa Tasca, Nélida Elena Valaris, Margarita M. Allende, Cristina Elena Ledesma, Marta Azucena Ybarra, José Aniceto Soria, Arnaldo Flabian (ó Fabián), Graciela Inés Morales de Micalucci, María Estela Herrera, Elisa Ofelia Martínez, Ernesto T. Petrocci, Margarita Melia.

miércoles, 8 de junio de 2011

“Llegué a casa y mi esposo me dijo que se habían llevado a Horacio y a Rosa”

La Abuela de Plaza de Mayo Irma Rojas, de 76 años, relató el secuestro y desaparición de su hijo Horacio Antonio Altamiranda y de su nuera Rosa Taranto, embarazada en ese momento de siete meses.
“Llegué a casa y vi a los dos hijos de Rosa y Horacio (N. del R.: Cristian y Natalia), y mi esposo dijo que se habían llevado a Horacio y a Rosa. Esto pasó la mañana del 12 de mayo de 1977”.
Una vecina de la casa, en la localidad de Florencio Varela, le contó “que eran muchas personas y que patearon la puerta a las tres y cuarenta de la madrugada”. “Encapucharon a mi hijo, a mi nuera y a una hermana de Rosa, Adriana”, prosiguió Rosa, “y los secuestradores, antes de irse, se acercaron a lo de esta vecina con una foto del padre de Rosa y le dijeron que le llevara los niños”.
“El 15 de mayo inicié mi búsqueda. Visité a hospitales y comisarías. Abandoné mi trabajo para continuar con la búsqueda. Recorrí y recorrí hasta que llegué al Ejército, estuve en la escuela General Lemos y en Campo de Mayo sin encontrar respuestas. Un chico me dijo que había visto a mi hijo y mi nuera en Campo de Mayo, pero siempre que pregunté me dijeron que no estaban allí”.
Como todos los familiares de desaparecidos, Irma presentó ante la justicia un recurso de hábeas corpus y más tarde, ya en 1979, comenzó a reunirse con las Abuelas. Con ellas pudo acceder al testimonio de Susana Reyes, una ex detenida, quien le contó que había visto a Horacio besar la panza de Rosa antes de que se la llevaran a parir.
“Esto ocurrió en el (Centro Clandestino de Detención) Vesubio, de donde la trasladaron a tener el hijo a un hospital. Cuando regresó, Susana Reyes le preguntó qué había tenido, pero Rosa le respondió que no sabía, pues sólo había escuchado el llanto del bebé”.
“A mi nieta la conocí 29 años después, en 2007 Había sido adoptada de buena fe en una casa cuna cuando tenía tres meses por una familia de Córdoba. María Belén, así se llama, vio las fotos de sus papás y la mía en el Mensuario de Abuelas y notó el parecido. Allí comenzó su búsqueda. Nos encontramos por primera vez en el juzgado cuando se le restituyó la identidad. Ella es madre de dos niños y es muy dulce”.

viernes, 3 de junio de 2011

Próximas audiencias

6 de junio
9:30 Irma Rojas
12:00 Mirta Acuña de Baravalle
13:30 Angélica Chimeno

7 de junio
9:30 Cecilia Viñas
12:00 Berta Shubaroff

8 de junio
9:30 "Chela" Fontana, Abuela de a Alejandro Sandoval Fontana
12:00 Buscarita Roa, Abuelas de Claudia Poblete
14:30 "Coqui" Pereyra, referente de Abuelas La Plata

miércoles, 1 de junio de 2011

La vicepresidenta de Abuelas relató el secuestro de su hija y el encuentro con su nieto

La vicepresidenta de las Abuelas, Rosa Roisinblit, relató el secuestro y desaparición de su hija Patricia y su yerno, José Manuel Pérez Rojo, ocurrido el 6 de octubre de 1978. Los secuestradores, en dos autos, se dirigieron primero a la localidad de San Martín, al negocio de José, a quien detuvieron allí junto con su socio, y luego, cerca de las 17, se trasladaron al departamento donde se encontraba Patricia.



“Estaba con su hija Mariana. Los secuestradores las subieron al auto y fueron a casa de mis consuegros. Una vez ahí, desde la ventanilla, Patricia gritó que por favor recibieran a Mariana porque a ella se la llevaban detenida, y allí quedó Mariana”.



A los cinco días, Rosa recibió una llamada. Era Patricia, que le dijo que estaba bien, y después escuchó la voz de un represor que le informó que su hija estaría detenida durante seis meses. Rosa seguía sin saber en qué lugar se encontraba detenida Patricia, sin embargo todavía pensaba que sería liberada pronto debido a que estaba embarazada.



“Presenté un habeas corpus que una amiga me ayudó a redactar para mi hija y mi yerno”, contó Rosa. También contó que fue a la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) donde la recibieron con los brazos abiertos y le tomaron toda la información pero la siguiente vez que volvió fue ignorada por los funcionarios de la entidad.



Rosa continuó su búsqueda con las Abuelas, visitó amigos y allegados que le dieron su ayuda pero nadie consiguió información acerca del lugar donde tenían detenida a Patricia y a José.



“Fui a casas cunas y juzgados, fui al departamento central de la policía donde un efectivo revisó el prontuario de Patricia y me dijo que estaba limpio y que no era una persona buscada, sin embargo me aclaró que no toda la información pasaba por allí. Fui a la embajada de Israel porque yo soy judía y el cónsul me dijo que no había ningún judío detenido”.



– ¿Algún juzgado donde le hayan negado ayuda? –preguntó el fiscal.



– Sí, en Lomas de Zamora, una jueza apellido Pons me dijo que los chicos que tenía nunca los iba a devolver –recordó Rosa.



Luego se enteró que en Ginebra, Suiza, vivían dos mujeres que habían estado secuestradas y más tarde fueron liberadas y que tenían información acerca de Patricia. Rosa viajó hasta allí y se reunió con Sara Osatinsky y Ana María Larralde, quienes le contaron que Patricia había tenido a su hijo en la ESMA, a quien bautizó como Rodolfo Fernando, y que había sido atendida por el médico Jorge Luis Magnacco, uno de los imputados en la causa.



Después de muchos años, Mariana, la otra nieta de Rosa, recibió una llamada anónima en la que le dieron la ubicación de un chico llamado Guillermo que posiblemente era su hermano desaparecido. Abuelas constató la información. Se trataba del hijo de Patricia y José Manuel, apropiado por Teodora Jofré y Francisco Gómez, ella hacía trabajo domestico para un funcionario de la Aeronáutica y él se convirtió en el jardinero que cuidaba el parque del centro clandestino donde estuvo Patricia.